Por Carmen Zavaleta
Protagonizado por Daniel Giménez Cacho
y bajo la dirección de Francisco
Franco Alba, Nocturno sumerge al público en la memoria y el dolor de su
protagonista: un hombre maduro que en su adolescencia comete un homicidio
imprudencial; el hecho trágico desintegra a su familia y lo conduce a la más
profunda soledad.
Fotografía otorgada por prensa
Original del escritor, músico y productor Adam Rapp
(Illinois, 1968); la obra
es una poderosa narración en primera persona que enfrenta al equipo
creativo al interesante reto de contar la historia del protagonista sin caer en
excesos sentimentales; tarea por demás difícil cuando se trata de hablar de
pérdidas y duelos.
Después de la tercera llamada inicia el rito en la escena: Giménez Cacho aparece sin prisa y un técnico le coloca un micrófono, con esta sencilla y contundente acción el actor encarna al personaje y se confiesa ante el espectador con una frase fulminante que parecería terminar con su historia; la sólida dramaturgia contemporánea de su autor demuestra que sus palabras sólo son el pivote para sembrar preguntas sobre su identidad, su familia y su vida.
La acertada traducción de Guillermo Wiechers mantiene la esencia de los
lugares de la acción y la identidad del personaje, un estadounidense
que ante el rechazo silencioso de su madre y su padre decide irse de casa,
llegando a Nueva York, ciudad en la que intenta reconstruirse.
La escenografía e iluminación de Aurelio
Palomino propone un espacio con espejos que nos permite ver todos
los ángulos del protagonista, dejándolo desprotegido ante sí mismo, lo que se
puede traducir en una metáfora del desamparo que se sembró en su vida como
consecuencia de la muerte de su hermana menor. Un juego de luces en las que se
combinan las sombras acompañan el relato del protagonista quien viaja
entre su memoria y su presente.
Que la ciudad de Nueva York aparezca en escena no es una
casualidad, pues es un lugar que el autor suele incluir en sus obras, por ejemplo
Blackbird (obra que en el 2007 fue llevada al cine por el propio Rapp). En esta
ocasión la urbe es el sitio en el que el hombre busca reconstruirse acompañado
de una máquina de escribir y los recuerdos del piano Steinway y su padre, que
pasa del acompañamiento al rechazo más profundo de su hijo.
Nocturno, producción de Alejandro Gou y
Guillermo Wiechers, es un trabajo con el que Daniel Giménez Cacho explora la palabra y construye
imágenes precisas; en escena hay un actor que pone la experiencia de su lado y
abre mundos entre el pasado y el presente para sumergir al público en una
ficción contundente.
Fotografías: cortesía de Prensa



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