Los Hardings, o lo concreto del presente.

 

Por Verónica Mastachi

La suma de eventos que trae como resultado los más desgraciados accidentes son discernible a posteriori, casi nunca a priori. Por negligencia vertical y horizontal, por inmediatez generalizada, por la infame carencia de recursos humanos y económicos, por las ganas empedernidas de que no pase nada… Y es que, ¿por qué pasaría algo si nunca ha pasado nada antes?

Fotografías de Mariano Zapata

Preocuparse, dicen algunos, es de necios. Y, dicen otros, que prevenir vale por dos. También hay quienes, en el afán de no ser aguafiestas, evitan a toda costa ser aves de mal agüero. En Los Hardings, todos estos argumentos y muchos más convergen para hacernos reflexionar sobre las tragedias que pudieron no ser, pero, sin embargo, sucedieron.

Esta puesta en escena está inspirada en hechos reales y fue escrita por la canadiense Alexia Bürger, traducida por Humberto Pérez Mortera, y dirigida por Sandra Félix. El elenco está integrado por Gilberto Dávalos, Antón Araiza, mientras que Misha Arias de la Cantolla y Bernardo Benítez alternan funciones.

Si ya me han leído antes, saben que no me gusta dar spoilers para que se animen a ir a ver las obras que reseño. En Los Hardings esto es particularmente relevante ya que el factor sorpresa es irremplazable, pero sí quiero decirles que esta obra de teatro, más allá de ser dramática, aterriza el dolor de la pérdida desde un enfoque que les pondrá a pensar en muchas dimensiones. Y lo digo porque eso fue lo que yo experimenté.

La historia o, por qué no, la serie de eventos desafortunados es presentada por tres individuos que, sin quererlo ni tener manera de calcularlo, están interconectados de formas íntimas, más allá de las obvias coincidencias. Un antropólogo neozelandés, un maquinista canadiense y un agente de seguros norteamericano, tienen mucho más en común de lo que podríamos creer.


Si bien dos de las historias quedan definidas claramente, una de ellas se deja flotando en la inconclusión, como si la decisión de lo que pasaría dependiera de la suspicacia del espectador para captar los detalles expuestos sutilmente durante la puesta en escena. Para que entren al juego que les sugiero, tienen que ir a ver Los Hardings. Y también para pensar más de una vez en lo que podría pasar antes de ponerse en riesgo.

Ya sólo quedan tres funciones de esta temporada en el Foro La Gruta del Centro Cultural Helénico, la cual termina el 12 de abril, con horarios los viernes a las 8 de la noche, y sábados y domingos a las 6 de la tarde. Los boletos se pueden adquirir en taquilla.

Gracias a Sandra Narváez por la invitación y las facilidades para la realización de esta reseña.

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