Por Carmen Zavaleta
En los últimos meses la oferta de
unipersonales en la cartelera nos ha brindado trabajos que resultan buenas
opciones al contar con actrices y actores que aprovechan hasta el último
centímetro del escenario para llevarnos por el universo emotivo de sus personajes,
este es el caso de La señora de
la radio,
protagonizado por Belén Mercado, dirigido por Gabriela Guraieb y
presentado por la compañía Mamba.
Original de Mariana Teyer, la
obra presenta a una adolescente que vive con su amá en el campo; la joven
es experta en chopear conchas y ama escuchar la radio. Un día su amá
desaparece, entonces la niña inicia un viaje para encontrarla; en el trayecto
la protagonista descubrirá la fuerza de su voz.
Marian Teyer es una joven dramaturga que hasta la fecha ha publicado tres obras Esto no es fútbol (en coautoría con Yael Rivas), En clave de nel y La señora de la radio, todas están integradas en las Antologías de Teatro para Jóvenes audiencias de La Capilla. Con La señora de la radio, la autora desarrolla una historia lineal en la que hábilmente transita por temas sensibles que nos definen como la sociedad que somos en estos días; por ejemplo, identidad, el amor materno, la discriminación y las desapariciones forzadas.
Al conocer a la protagonista, sabemos que
su lugar favorito es su casa pues en la escuela es discriminada por sus
compañeras por su color de piel y sus trenzas. Para las y los espectadores, el
discurso se potencia pues ante la circunstancia la joven se muestra orgullosa
de sus raíces, su familia y de ser quién es; dramatúrgicamente el acierto es
que durante todo el relato el punto de vista que prevalece es el de la
protagonista, lo que dota a la historia de frescura e inocencia.
En el trabajo de Belén Mercado es notoria su experiencia en unipersonales, anteriormente la vimos en Yo luché contra una ballena en las cataratas del Niágara (2021- 2024); en esta ocasión da vida a una adolescente que brilla, que no se rinde y que pone al público de su lado para acompañarla por su travesía. Realiza un trabajo corporal y vocal exacto, se ve cómoda en la escena y se relaciona con todos los elementos que en ella se encuentran: huacales, sillas, lámparas, micrófono y por supuesto su inseparable radio, lo que deja ver a una actriz atenta, rigurosa y que se divierte. A la par se presenta una buena atmósfera con el diseño de iluminación de Alita Escobedo, que va de lo íntimo de una casa a lo público de la escuela y de una estación de radio, sin dejar pasar lo poético del recorrido de la luna en las noches de espera. El cuadro se completa con el correcto espacio de Airam Castillo y el Diseño sonoro de David Almaga, juntos crean un mundo que recuerda al hogar de la adolescencia, entre lo real, el sueño y la felicidad.
La señora de radio es
una obra pertinente que rebasa la clasificación de jóvenes audiencias por los
temas y la forma en los que se abordan. La violencia, las desapariciones
forzadas y la discriminación se provocan en el mundo adulto, en el montaje
están puestos para que no se olviden ni las edades, ni los territorios en los
que se originan y sus consecuencias.
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