EntreActo
POR Carmen Zavaleta
La
pérdida, el dolor, la supervivencia, la complejidad de la culpa ante la muerte
cada uno de estos temas nos cala profundo y hay quien los mira de frente como Víctor Weinstock y
el equipo de Finitud puesta
en escena que actualmente presenta la compañía Teatro de Fuego en el Teatro Varsovia.
La
obra es un golpe seco que nos lleva a navegar por la historia de XX y XY
una pareja que está varada en medio de la carretera, el año es 1973, el
lugar un cuarto de algún hotel en medio de la nada, el conflicto: la muerte de su hija.
A
partir de la circunstancia Weinstock desde la
dramaturgia y la dirección nos adentra
poco a poco al mundo interno de los protagonistas proponiendo un espacio
casi vacío en el que una ventana, un incienso y un encendedor son los objetos
que acompañan a los personajes, el sitio es desolador y no solamente por su
aspecto físico también - y sobre todo- por el sufrimiento de la pareja; en este
sentido la escenografía e iluminación de Jesús Giles permite
que los protagonistas habiten un lugar
consecuente con los hechos, un sitio que da la impresión de estar
suspendido en el tiempo con la sensación que se tiene justo después de un
terrible dolor.
La dramaturgia nos propone una estructura que arranca con diálogos que a manera de ping pong nos devela poco a poco la preocupación de los personajes y nos hace preguntarnos qué es lo que les sucedió, en dónde se encuentran, a dónde van, quiénes son, con el correr de la acción sabremos que esas preguntas también se las hacen ellos pues se encuentran en un momento de quiebre en el que se han desconocido así mismos y del que parece no podrán avanzar.
El
texto y la dirección son valientes y nos plantean preguntas y deseos profundos
construyendo un teatro que a partir de la palabra es ritual. En la escena a la pareja la acompaña un
vagabundo extravagante conocido como YY quién
es testigo del accidente en carretera que ha llevado a la mujer XX y al hombre XY a esta situación. Puede decirse que YY representa sus miedos, su deseo de que todo vuelva a ser como
antes, su única esperanza para ser absueltos, en un hábil juego escénico el
personaje pasa de ser un ser humano a casi una representación divina de la que
esperan el perdón para continuar.
Patricia Blanco como
XX, Gastón Yanes como
XY y Mario Zaragoza
como YY encarnan la ficción. Blanco y
Yanes buscan comunicarse todo el tiempo y constituyen una pareja sólida en la
que es claro que el amor podría redimirlos lo que siembra la esperanza en
historia, lo interesante es que ese amor se representa como una pequeñísima
posibilidad que navega entre la exaltación, la intimidad y la confesión,
sabemos que ellos han detenido su viaje, no sabemos si los reanudarán pero
podemos creer que sí. Mario Zaragoza como
YY es un mensajero desparpajado
testigo de las vidas ajenas y que vive de la ayuda que le dan los demás, sin
piedad es el encargado de decir la verdad a los personajes y el público; en
momentos el trabajo del actor es demasiado relajado lo que impacta en el ritmo
de la puesta y la hace perder solidez.
La composición musical y el diseño sonoro de Deborah Silberer y el vestuario y maquillaje de Brisa Alonso construyen la atmósfera de manera efectiva junto con el equipo del teatro nos recuerdan que lo que vemos es una puesta en escena y que el juego teatral está en marcha.
Finalmente
cabe mencionar que el montaje es un homenaje a Ángel Fernando Zaragoza
Banco (Q.E. P. D.) , hijo fallecido de los
actores Patricia Blanco y Mario Zaragoza.
Finitud.
Autor y director: Víctor Weinstock. Teatro de Fuego.
Con: Patricia Blanco, Gastón Yáñez y Mario Zaragoza.
Escenografía e iluminación: Jesús Giles,
Composición y diseño sonoro: Deborah Silberer,
Vestuario y maquillaje: Brisa Alonso.
Fotografías: Roberto Sosa. Teatro Varsovia,
Varsovia no.9, colonia Juárez, Cuauhtémoc. Lunes 20 h, mayores de 15 años.
Localidades $300 Taquilla y Ticketmaster, hasta el 18 de septiembre.
En escena… Este
fin de semana terminó la temporada de Medealand
un poderoso trabajo de Teatro UNAM que
nos presentó la historia de Medea quien es
abandonada junto con sus hijos por Jasón. Llena de dolor Medea se enfrenta
al destierro y contra su destino
trágico. La dirección de Esther André González nos
brindó una Medea situada
en un hospital psiquiátrico en una versión contemporánea arrebatadora. Paula Watson como
protagonista realizó uno de los mejores trabajos actorales del año, ojalá que
vuelva a la cartelera, lo necesitamos.
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