EntreActo
Por Carmen Zavaleta
En el 2020, en plena pandemia Itari
Marta y Roberto Cavazos llevaron a la
pantalla “Huérfanos”, (“Orphans”) texto del
dramaturgo inglés Dennis Kelly (1970), en aquella
ocasión la anécdota giraba en torno a una pareja que celebraba un embarazo
cuando son interrumpidos por un tercer personaje que aparece ensangrentado. Lo
que recuerdo es que el texto nos planteaba preguntas sobre la violencia, el
racismo, la intolerancia. Dos años después Itari -ahora como directora -regresa al dramaturgo Kelly y presenta “Niñas y niños”, un monólogo
que de forma efectiva sigue la misma línea: nos plantea preguntas sobre la
violencia, la intolerancia, la frustración y la familia.
Con este trabajo una vez más Itari es consecuente como
creadora y activista de los derechos de las mujeres, a través de su teatro nos
enfrenta a la denuncia, nos brinda información y colabora en la prevención de
fenómenos sociales, en esta ocasión aborda acertadamente el tema de la
aniquilación familiar y la violencia hacia la niñez, que por cierto de
acuerdo a las estadísticas de mortalidad del INEGI 2018 en México se
registraron 1,505 muertes violentas de personas menores de edad con presunción
de homicidio, de las cuales 75.5% son hombres y 24.4% mujeres, el camino para
crear conciencia es largo.
Con este panorama, Itari
Marta de la mano de la productora Solovino apuestan por “Niñas
y niños”. El texto se estrenó en
el Royal Court en 2018, y en el 2019 se presentó en Madrid, en nuestra ciudad
la obra llega al teatro La Capilla, en un montaje
protagonizado por Amaya Blas y la traducción y
adaptación de Paula Zelaya Cervantes, juntas conforman un equipo sólido.
En un primer momento sobre la escena vemos una
silla, un carrito con ruedas y un gran pliego de papel Kraft que hace las veces
de pizarrón. Durante la segunda llamada una joven mujer se coloca en el
escenario y se prepara para contarnos su vida en los últimos años. Días
de aventura, desorden y sexo la llevan al límite y es entonces cuando
decide irse de la ciudad; en el aeropuerto conoce al hombre que se convertirá
en su esposo, con quien tendrá dos hijos y con quien decidirá construir una
vida en pareja.
Ella nos contará poco de su familia y mucho del
hombre que ama, de la familia por la que ha decidido convertirse en madre
y de la convivencia entre el hogar y su desarrollo profesional como cineasta,
un plan que parece perfecto hasta que la violencia atraviesa su mundo y la
enfrenta a la pérdida. Su deseo por la vida y la presencia de la muerte
colapsan ante sus ojos y entre sus manos.
El texto es interesante, hábilmente Paula Zelaya mantiene la esencia de la obra y los toques de humor de Kelly, un relato cotidiano que al estilo del stand up nos descubre poco a poco el universo de la protagonista. Aunque no sabemos hacia dónde se irá la historia, si nos enteramos que se trata de una mujer amorosa, entregada a su hija e hijo pequeños y alejada de su propia familia; de ellos no nos hablará mucho lo que es un juego efectivo pues nos lleva a plantearnos preguntas sobre su intimidad y nos deja claro que en ese relato – y en la vida- ella está sola.
La propuesta de la dirección sigue la línea del
texto, Amaya Blas aborda a su personaje en
un tono despreocupado, ataviada con ropa oscura manchada de pintura y que se
nota es su forma de vestir habitual, la imagen que se construye del personaje
es un acierto, no necesitamos más para conocerla. Con una voz media nos relata
su vida, al inicio de la función que presencié la actriz hablaba rápido lo que
le jugó en contra, pues no permitía que la historia se entendiera del todo, no
había tiempo de recibir la información y construir cada una de las imágenes y
momentos que nos relataba. La obra es un monólogo y opino que uno de sus
elementos esenciales es el ritmo que nos deja identificar al o la protagonista
y empatizar con quien nos habla desde la escena para seguirle hasta el final.
Afortunadamente con el correr de la función la actriz disminuyó la velocidad y
fue entonces que reconocí en su totalidad a la mujer con quien nos encontramos.
Amaya construye bien dos espacios: el público desde
donde se comunica con nosotros y el íntimo en el que se encuentra con sus hijos
y con la violencia de su esposo, este juego le permite representar los momentos
emocionales más fuertes sin caer en el sentimentalismo, mirando la tragedia de
frente y planteándonos preguntas sobre la idealización de la familia como
núcleo central de los seres humanos, ¿Quiénes son esos y esas con los que nos
relacionamos en realidad?
Hace un momento hice hincapié en el vestuario
porque me parece una pieza clave. Pienso que la ropa de la protagonista y las
marcas de pintura en ella representan el momento en que pierde a su familia, es
instante de dolor que se impregna en el cuerpo y en la memoria y que nos llega
a vestir eternamente, aunque parezca que todo está bajo control.
Todo el tiempo el diseño del movimiento es frontal
lo que está bien para la representación, pues con la utilería la actriz realiza
acciones que dan textura a la escena, por ejemplo, usa el papel Kraft y
pinturas de colores primarios para representar a sus hijos al estilo del jardín
de niños, a través de dibujos infantiles, transmite acertadamente la inocencia
y frescura de sus años. Finalmente, el diseño de iluminación de Thalía
Palacios (quien también es responsable de la escenografía),
es sencillo y establece los espacios íntimos y públicos de la protagonista de
manera efectiva.
“Niñas y niños” es una buena
opción en la cartelera. Las funciones son el Teatro La Capilla
hasta el 11 de diciembre.
En escena… El autor de “Ninas
y niños” Dennis Kelly
es dramaturgo y guionista de televisión y cine,
autor entre otros del guión de “Matilda the musical”.
Niñas
y niños
De Dennis Kelly
Dirección: Itari Marta
Con Amaya Blas
Traducción y adaptación Paula
Zelaya Cervantes
Producción
Solovino
Producción ejecutiva Hanna
Berumen
Diseño de iluminación y escenografía Thalía
Palacios
Teatro
La Capilla (ubicado en Madrid 13, col. Del Carmen, Coyoacán)
Del 30 de octubre al 11 de diciembre de 2022
Domingos 18:00 horas
El boleto tiene un costo de $300 pesos y se puede
adquirir en la taquilla del recinto, así como en los portales en línea www.teatrolacapilla.com ywww.boletopolis.com
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