DESEO INFINITO

 Desde el patio de butacas

POR: Luis Santillán

Alberto Castillo escribe y dirige Deseo infinito, puesta en escena que toma pasajes anecdóticos de Antonieta Rivas Mercado y Carmen Mondragón, en una sucesión de cuadros se expone una síntesis de momentos por los que atravesaron ambas mujeres.

Fotografía: La Marmota Azul 


El texto emplea cuadros donde, en voz de los personajes, se informa de acontecimientos; otros, recurren a monólogos para plantear situación y; en algunos, el diálogo pretende construir contexto en la vida de Mondragón. El desarrollo apuesta más a la suma de cuadros que una línea anecdótica. El planteamiento que se da con el personaje de Carmen resulta extraño dado que plantea situaciones donde parece contradecir lo que se sabe de ella, como su “sumisión” en la relación con el pintor Lozano o el “ruego” ante el doctor Alt para que intervenga por su padre.

Sofía Sylwin está a cargo de la creación de Rivas Mercado, su trabajo es lo mejor de la propuesta; cada cuadro ofrece variantes del personaje y logra la sumatoria para darle profundidad, es impresionante lo fácil que es ver en ella al personaje histórico, corporalmente genera una imagen contextualizada tanto en la época como en el carácter, logra compartir los altibajos por los que atravesó pasando por la desesperación o la esperanza. El cuadro donde “dialoga” con Vasconcelos es poderoso por la derrota emotiva y la contención con la cual la trabaja, para quienes conocen la historia de Antonieta, un hueco en el estómago se produce porque el desenlace se avecina gracias al trabajo actoral de Sylwin y duele, el puente emotivo existe y como ese momento inicio la obra se espera un cierre contundente.

Algo extraño ocurre con el trabajo de Carolina Jiménez (diseño de escenografía, iluminación y vestuario) porque hay enormes aciertos y elementos que generan muchas preguntas. El acierto está en el diseño de vestuario, sobre todo el de Antonieta Rivas Mercado porque es funcional, construye temporalidad, tiene fuerza visual y eleva la corporalidad de Sylwin. Las dudas surgen en el diseño de escenografía; el director en una entrevista indicó que le interesaba el concepto de tríptico y se resuelve con tres paredes que se mueven, pero nunca se integran a algo, los cambios escenográficos no son orgánicos, si todo está en la palabra, ¿por qué tanto movimiento de paredes que no construyen espacio? No parece ser un problema del diseño de Jiménez sino de Castillo, las transiciones de escena son torpes, los técnicos del teatro se esfuerzan porque sean ágiles, precisas, pero son innecesarias, se vuelven decorativos los elementos, como si la escenografía hubiera llegado muy tarde y no se trazó pensando en las ventajas que ofrece.

Castillo propone resoluciones escénicas que provocan más preguntas que buena recepción de su hacer. Al final de la obra pretende cerrar el “círculo” con la imagen que abrió, si tiene a una actriz tan poderosa para lograrlo y realmente redondear, ¿por qué empalma el momento con el de Mondragón? La respuesta parece ser para usar el efecto de la multimedia. La propuesta de dirección parece tibia, quiere jugar con el erotismo que caracteriza a Nahuin Olin, sin embargo, poco se construye en escena. Da la sensación de que en el planteamiento de la puesta en escena hay confusión, la multimedia, el espacio, el trabajo actoral no se integran en un universo, cada cosa apunta en direcciones contrarias.

Hay un gran desequilibro actoral, por un lado, es extraordinario la creación de Sylwin, en contra parte el de Karen Vila deja mucho que desear, parece que no hay comprensión del personaje, sus intervenciones verbales son huecas, sin construcción emotiva.


                                                     Fotografía: La Marmota Azul



Deseo infinito es una promesa que no cumple, el “riguroso trabajo de investigación” no queda reflejado en la escena, incluso cabe la pregunta de qué puede leer el espectador que no conoce a detalle la vida de los personajes. El dramaturgo manifiesta que no le interesa un desarrollo anecdótico, es absolutamente valido, sin embargo, pretende sostener el texto con anécdotas de los personajes sin que sea legible el punto de vista.

Sofía Sylwin y el diseño de vestuario de Carolina Jiménez son las únicas motivaciones para asistir a Deseo infinito, sin embargo, al final lo que importa es la opinión de quienes están en el patio de butacas.


DESEO INFINITO


Dramaturgia y Dirección: Alberto Castillo

Elenco: Karen Vila, Sofía Sylwin, Francisco Mena

Temporada: Del 3 de marzo al 10 de abril

Funciones: jueves y viernes 20 h., sábado 19 h. y domingo 18 h.

Edad recomendada: Adolescentes y adultos

Espacio Escénico: Teatro Orientación

Ubicación: Campo Marte, Paseo de la Reforma y, Av. Paseo de la Reforma s/n Metro Auditorio 


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