Teatro con ojos de leona.
POR: Conchi León
Hay actores con tanto oficio
que verlos siempre es un privilegio. Eso me pasa con César Bono, el actor de ojos enormes y voz rasposa, uno de nuestros
comediantes más presentes en el cine, la televisión y el teatro. Después de sus
problemas de salud, está de vuelta con la obra “Defendiendo al cavernícola”, espectáculo con más de
veinte años en cartelera. Si bien la historia transcurre entre las
“diferencias” (algunas ya superadas en estos tiempos) que nos distancian a
hombres y mujeres, el histrión logra hacernos entrar a su mundo salvaje donde
se presenta como un cavernícola ante las delicadezas femeninas.
El monólogo nos roba
carcajadas, nos enternece, no faltan los codazos al acompañante, el que se
identifica e inmediatamente dice: “Soy Paty, o soy un cavernícola”.
Las casi dos horas que dura el
espectáculo pasan sin sentirse gracias al poderoso actor, quien al principio
entra a escena con un bastón que le ayuda a mantener el equilibrio, pues las
secuelas de sus problemas de salud no le permiten sostenerse por si mismo. Pero
ya entrados en el personaje y la situación, ya hipnotizados por una mirada o un
silencio, el actor deja a un lado el bastón, burla sus limitaciones y se planta
solito en el escenario. Uno piensa que se puede caer, pero César Bono nos demuestra que trae el
teatro en las venas al grado de seguir actuando sin tropiezos ni miedo: porque
el teatro es su lugar esencial; el teatro lo sostiene.
“Defendiendo al cavernícola” está en el Teatro López Tarso, Centro Cultural San Ángel. Una producción de Morris Gilbert y Mejor
Teatro.
P.D. Tengo un cariño particular con César Bono, justo el año actué junto a él. Su energía, su carisma,
su constante bromear con todos, su voz altísima y rasposa, sus ojotes, me
recordaron a mi padre. Mi papá hablaba a gritos porque estaba casi sordo, su
voz era rasposa por el cigarro, siempre contaba chistes y era carismático. Me
invadió la tristeza, pensé que mi padre pudo ser comediante, o actor, pero el
alcoholismo lo alejó de todo, incluso de su familia. En algún momento me
pidieron que tomara a César de la mano para ayudarlo a
sostenerse en lo que llegaba el transporte, me sujetó con fuerza para no caer.
Estuvimos parados largo rato con las manos juntas, le pregunté cuál de todos
los programas que hizo en la televisión mexicana era su favorito. Me dijo que
todos, pero tenía especial cariño a "Mi secretaria" y "Hogar,
dulce hogar". Esos programas los vi muy niña, junto a mi padre y mis
hermanas, el viejo amaba la comedia y a esos comediantes. Los ojos se me
llenaron de lágrimas, pensé que nunca sostuve la mano de mi padre con la fuerza
que sostenía la del actor. Pensé que soy muy afortunada al tener trabajo y
cumplir mis sueños, que un poco de ese aficionado a las comedias, de ese cómico
nato que fue mi padre, está vivo en mi. Quise decirle a César que me recordaba mucho a mi papá, pero un nudo en la
garganta me lo impidió. Mi papá murió hace algunos años, pero algunas cosas
suyas siguen vivas en mi. El camino que elegimos nos acerca a momentos
inesperados, al menos a mi, ayer, el teatro, me acercó nuevamente a mi padre.
Si usted ha visto al señor César
Bono en la televisión, no deje de
verlo en el teatro, le encantará.

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