CORAZÓN GORDITO
Por Carmen Zavaleta
Una familia de esas con sabor, de las que conocemos,
de las cercanas, de las nuestras, así es la que nos regala el dramaturgo Saúl Enríquez en la obra Corazón gordito,
texto dirigido hábilmente por Angélica Rogel,
presentada por Once Once Producciones y que
actualmente está en temporada en la Sala
Villaurrutia del Centro Cultural del Bosque.
| Fotografías otorgadas por el INBAL |
La puesta está dirigida a las jóvenes audiencias y,
créame, se trata de un relato lleno de color sobre la solidaridad y el amor
filial. En la anécdota conocemos a “Mango” y “Stella” hermanas gemelas tan
diferentes como el día y la noche e hijas de una madre soltera quien descubrirá
lo que es capaz de hacer por sus pequeñas.
| Fotografía otorgada por el INBAL |
Sin duda, el buen resultado del montaje tiene que
ver con dos aspectos fundamentales: la estructurada pluma de Saúl Enríquez y la visión sólida de Rogel. Al
más puro estilo de la narraturgia, el autor nos relata la vida de una familia
integrada por mujeres, sus expectativas, sus gustos, la convivencia diaria,
penas, alegrías, sus deseos de ser aceptadas y amadas y su fuerza inagotable;
la verdad es que en la obra es muy gozoso reconocer los roles de cada una de
las integrantes y su manera de relacionarse, en ellas nos podemos identificar
más de una vez.
A la par está la visión de Rogel, una de nuestras directoras más activas y que
explora estilos absolutamente diferentes en cada uno de sus trabajos (por
ejemplo “Titus” que también se encuentra en cartelera). La directora apuesta
por el texto bien dicho, de frente, directo que se refuerza con el trabajo del
cuerpo y el gesto de las actrices y su actor en escena, producto del diseño
corporal de Alan Uribe.
La escenografía de Matías Gorlero y Félix Arroyo es como una casa de
muñecas de colores que se combina con muros giratorios para establecer espacios
cerrados y abiertos de la historia, el estilo del diseño es recurrente en
nuestro teatro y funciona.
| Fotografía otorgada por el INBAL |
El elenco está lleno de energía y saben exactamente
lo que deben hacer para mantener cautivos a sus espectadores: acciones precisas
y lúdicas. Yulleni Vertti,
da vida a la “Mamá” y a una “Tabernera” muy especial, es muy grato ver como la
actriz logra distinguir a ambos personajes cambiando su gesto corporal.
Meraqui Pradis “Stella” y Dano Ramírez “Mango” son una para la otra, nos regalan a dos hermanas
amorosas, aquí no es necesario que usen voces chillonas para darnos la idea de
que estamos frente a dos pequeñas niñas (lo que francamente siempre es
agotador), las construyen con su proceder y su pensamiento ante las
circunstancias.
La relación entre las hijas y la mamá deja ver un
mundo donde se enfatiza lo difícil que es ser mujer en nuestra ciudad, como
seres vulnerables, que a cada paso nos encontramos de frente con la violencia y
la lucha con los estereotipos, pero con una fuerza que nos llena los huesos
para sobrevivir. Los temas están puestos hace mucho sobre la mesa el trabajo de
las actrices logra llevarnos de la mano ante ellos.
Alejandro Morales da vida a
“El Pantera” un velador y cómplice de la familia, al “Profesor”, que provoca
buena parte de los problemas y a “Raulito Jiménez”, el actor aprovecha todas
sus herramientas para pasar de uno a otro dándoles presencias exactas y
divertidas, es un gozo.
La música original de Sebastián Lavaniegos y su interpretación
son la clave para terminar de crear la atmósfera de la obra, una historia donde
todos podemos entrar. Vamos.
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