AZUL, RELATO DEL MAR PERDIDO
Por Carmen Zavaleta
Entre las constantes que Mulato
Teatro lleva a escena se encuentran la
memoria, las raíces y el despojo, temas a través de los que buscan desentrañar
la identidad y las historias que se han quedado en silencio, aunque estén
frente a nosotros; en su más reciente estreno Azul, relato del mar perdido, regresan a estos dolorosos puertos, de
manera sutil, entre colores, música y estampas logrando una combinación
efectiva.
El montaje es producto del programa Fondo de Ayudas para las Artes Escénicas Iberoamericanas (IBERESCENA) y ha reunido a creadores de Colombia, Brasil y México,
con un texto original de Diego Fernando
Montoya Serna, dirigido por Luciana Martuchelli de la Cia Yinspiração
Poeticas Contemporâneas y con las
actuaciones de Marisol Castillo y
Aura Rebollo; juntos crearon un relato
poético que nos recuerda nuestra responsabilidad como sociedad ante el
consumo y la explotación humana.
En Azul se escucha la voz de dos mujeres que
viven junto al mar y nos preguntan "¿qué es la felicidad?", la frase
es el pivote para que nos relaten cómo son sus canciones, sus bailes y su
comunidad, una aldea costera a la que llega un inversionista que convence a los
habitantes de vender sus tierras (recibiendo una miseria por ellas, por
supuesto), a cambio del progreso y la promesa de ganar la felicidad absoluta.
Los días de sol cambian por días a la sombra, el maltrato y el capitalismo.
El espacio donde se lleva a cabo la
temporada es El Cubo, un foro pequeño e íntimo que está bien
aprovechado por la dirección, en él gradualmente los espectadores descubrimos
el mundo físico y el universo de las protagonistas. Los elementos con los
que se construye la ficción son telas que delimitan el escenario y cuyas
texturas recrean la arena y las rocas marinas; éstas son acompañadas por la proyección
de ilustraciones, que conviven de manera efectiva para el montaje.
A la par disfrutamos de la propuesta
actoral que se centra en el trabajo corporal y el sonido; las actrices dan vida
a sus personajes con coreografías y voces que construyen postales. Es
interesante el contraste: los personajes están rodeados de colores vivos y
festivos y conforme transcurre la obra, los hechos que relatan se tornan
fatales; por ejemplo, nos llevan de la alegría de la costa a la profundidad de
una mina. Esta escena es en particular interesante, pues las protagonistas se
dan a la tarea de relatar sus días bajo tierra a través de silencios y
acompañadas de dos pequeños bancos que lo mismo son pesadas canastas para sacar
el oro o una cama donde se postra una enferma por el humo y la tierra; un
detalle a cuidar es que- en este momento -la iluminación se torna demasiado
oscura y por momentos es difícil reconocer las expresiones de los
rostros.
Las ilustraciones que se proyectan
representan a los personajes en su infancia y nos permiten situarlas en dos
planos, el pasado y el presente, a manera de un canon visual que se empata con
el auditivo. Azul, relato del mar perdido es la espera de un
viaje eternamente esperado, de las raíces, la pérdida y en algún momento
de la esperanza.
El equipo creativo está integrado por Víctor
Abrão, Guilherme Cezario y Luciana
Martuchelli (Brasil) en la Composición musical y
diseño sonoro; Erika Gómez (México) en el Diseño y realización de
escenografía, vestuario e iluminación y Adriana Nunes y Luciana Martuchelli (Brasil) en el Diseño y realización
audiovisual.
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