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POR TEMOR A QUE CANTEMOS LIBRES
Por: Carmen Zavaleta

Hace un par de años cuando Lizeth Rondero estrenó el unipersonal Por temor a que cantemos libres, sabíamos que se trataba de un trabajo al que no debíamos perder de vista. Hasta hoy la puesta ha realizado tres temporadas y se ha presentado en diversos espacios de la CDMX  (Festival Internacional de Cabaret, en la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación y en las  actividades de la Conmemoración del Día Internacional contra la Violencia hacia las Mujeres), además de clausurar la Muestra Estatal de Tlaxcala; no es para menos: se trata de un trabajo gozoso y bien articulado en el que su protagonista da todo sobre la escena para hablarnos sobre cinco mujeres que podemos ser todas.



La puesta resulta un verdadero trabajo en equipo donde la actriz creó una mancuerna perfecta con el autor Felipe Rodríguez y su directora Nora Manneck; juntos crean un universo íntimo y poderoso en el que nos presenta la historia de cinco mujeres: Mauricia Josefa, “La amante del demonio”; Doña María Gertrudis Vidrio, “La olvidada”; María López, “La panadera”; Trinidad Ruiz Mares, “La asesina”; y La joven universitaria.

En la acción el hilo conductor es una “Cantante” quien representa al público la historia de las mujeres quienes fueron presas de la violencia, la injustica, el encierro y el desamor, desafortunadamente temas tan de ayer como de hoy (y sí duelen).

En el escenario la protagonista y una pianista (trabajo que es alternado por Alba Rosas y Sara Vélez), representan cada uno de los pasajes de la vida de las mujeres. Al compás de música ambas transitan entre el humor y la emoción, mientras el público participa y observa cada uno de los cuadros; lo que, sin duda, es resultado del formato del espectáculo: la actriz habla directamente a los espectadores, los involucra e incluye en juegos que resultan ser representaciones muy en serio de las circunstancias de sus protagonistas. Se trata de un trabajo que expone la necesidad de la igualdad de circunstancias y la inclusión, en el que hombres y mujeres se involucran y son cómplices.

Escenográficamente las escenas se construyen a partir de un baúl y una crinolina de metal, ambos elementos se transforman creando convenciones como una celda para esposas o la banca de una casa donde se cuentan secretos al calor de un tequila.

El equipo creativo está integrado por Omar Guzmán, Composición musical; Alba Rosas, Arreglos musicales y música incidental; Giselle Sandiel, Diseño de Vestuario; Astillero Teatro, Diseño de Escenografía; Lydia Rendón, Entrenamiento de la voz; Gerardo Olivares Fuentes “Tenoch”; Diseño de Iluminación, la producción es de Teatro de los Sótanos.

La puesta extiende su temporada una semana más en el Teatro El Granero Xavier Rojas, está recomendada para mayores de 15 años. Vamos a cantar con ella, libres que ha costado mucho trabajo.




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