UN ACTO DE COMUNIÓN
Realizado por Carmen Zavaleta
10 marzo 2019

Para “Franky” todo comenzó en la infancia, su deseo por tener una familia, su soledad, sus anhelos; fue en esa época, al lado de su madre, que se gestó su futuro para sorprender al mundo entero y dejarnos helados.
“Franky”, es un personaje inolvidable, que navega virtuosamente entre la oscuridad y la luz gracias al dramaturgo argentino Lautaro Vilo, un autor que conoce su oficio y que no por nada se desempeña como director, actor, guionista y docente.

Fotografía otorgada por el Teatro La Capilla


Lautaro creó a “Franky” cuando escribió Un acto de comunión, basado en la vida de Arimn Meiwes el caníbal del pueblo alemán de Rotenburg; quien a los ojos de su comunidad era el vecino perfecto, cortaba el césped, era experto en computación y pasaba noches enteras conectado a la red.
El texto es un unipersonal que por segunda ocasión se presenta en nuestros escenarios, esta vez protagonizado por Antón Araiza, créanme, el actor ideal para encarnar a “Franky”.

Sin duda, Antón es uno de nuestros hombres de teatro más constantes y entregados; no quiero decir talentoso, porque lo es y más allá de cualquier musa que pueda existir, en él se reconoce el trabajo que le permite desmenuzar a su personaje, indagar en él, disfrutarlo a rabiar y transformar el espacio junto con sus espectadores.

Fotografía otorgada por el Teatro La Capilla


Un acto de comunión es efectiva porque el actor y su director Julio César Luna, entendieron a “Franky”, personaje complejo que construye su deseo y excitación absolutamente vitales a través del sacrificio y el dolor.

En el montaje bastan una silla y la iluminación para construir el universo del protagonista; la propuesta escénica nos descubre su intimidad desde la inmovilidad y basados en las palabras que poco a poco develan la situación y las acciones. El efecto es interesante: no importa si sabemos de qué se trata la historia en el planteamiento hay huecos que alimentan el misterio y nos dejan preguntarnos hacia dónde va el personaje, haciendo del montaje una experiencia con fondo y forma muy afortunada; además el trabajo actoral de Antón es diferente al que hemos visto en otras ocasiones: su voz y la energía son diferentes a otros de sus montajes, pienso en Bambi dientes de leche también un unipersonal. Ambos trabajos se encuentran en el extremo y siempre es reconfortante ver al mismo actor con trabajos tan diversos y explorando sus herramientas y sus diferentes gamas.

El equipo creativo de Un acto de comunión está integrado por Antón Araiza, el director Julio César Luna, la asistencia de dirección de Marilú Garcialuna y la fotografía y diseño gráfico de Javier Pérez Maya.


Fotografía otorgada por el Teatro La Capilla



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