LAS TRES HERMANAS
Estoy convencida de que ser testigos de Las Tres Hermanas de Antón
Chéjov es un acto de valor profundo: no cualquiera se asoma al mundo de Olga,
Masha e Irina, intenta apropiárselo y muchos menos aún lo
logra, el director Diego del Río lo hace en su más reciente montaje del clásico
de las letras rusas.
En el último año Las Tres Hermanas ha sido una constante en
nuestra cartelera y se he presentado en adaptaciones que han resultado
oportunas. No deja de llamar mi atención pues el texto es un viaje
introspectivo a lo humano, el dolor, la pérdida y la caída en picada de los
anhelos; una historia que resuena en lo profundo en un momento en el
que buena parte de la vida se expresa a través de las
redes sociales, de la apariencia y la perfección ilustrada con imágenes creadas
que nos muestran los anhelos cumplidos y la felicidad perpetua en el amor, lo
económico y la satisfacción.
Es en este escenario que Diego del Río apuesta y gana, acompañado
de un grupo actoral sólido, casi todo el elenco nos toma de la mano y nos
lleva paso a paso a tocar el alma de sus personajes. La ficción arranca con un
recordatorio en voz de uno de los actores de que lo que se verá es teatro, así
que se solicita toda nuestra atención.
El encuentro inicia en un pueblo ruso, con la celebración del
cumpleaños de la hermana menor Irina (Maya Zapata) que
ha decidido que el trabajo es la única opción para una vida plena y quien es
protegida por su hermana mayor Olga (Emma Dib), a quien la
vida se le va , justamente, trabajando. La reunión se realiza en la casa de las
hermanas huérfanas, que sueñan con regresar a Moscú, la ciudad de las promesas,
el lugar donde sus sueños se realizarán y donde la vida por fin será; un
lugar que no existe más que en su memoria.
Y ya está. La escenografía de Auda Caraza y Atenea Chávez nos
plantea una butaquería integrada por sillas que conforman un muestrario de
diseños y estilos, tan diversos como la misma naturaleza humana. En ellas los
personajes se sientan esperando su turno para interactuar, porque están siempre
presentes en escena, observando a sus compañeros, relacionándose con ellos
emotivamente y desde la acción, lo que inevitablemente nos conecta con ellos;
les advierto no tienen piedad y nos llevan a la desolación más profunda.
Sillas, un piano, ropa de calle y algunas prendas es todo lo que
se requiere para este viaje en el que escenas como el amor y la separación
entre Masha (Arcelia Ramírez), y Fyodor (Enrique Arreola), o la
reunión de los personajes después de un incendio son profundas y dolorosamente
gozosas.
Las Hermanas son irremediablemente arrasadas por el exterior, el
personaje que lo representa es Natalia, su cuñada quien
gradualmente se va apropiado de la casa y su universo. Anahí Allué, es la
encargada de interpretarla, la actriz exagera y salta del resto del equipo
actoral. En la función a la que asistí su energía estaba enfocada en ser
graciosa, restándole peso a su personaje.
Antón Araiza, Enrique Arreola, Emma Dib, Mauricio García Lozano,
Concepción Márquez, Arcelia Ramírez, Evan Regueira y Maya Zapata realizan un
trabajo entrañable, de esos que se gozan y que se esperan cuando se ven sus
nombres reunidos en cartelera. Véanlos y permitan que Las Tres Hermanas se
queden siempre en la memoria.
Realizado por Carmen Zavaleta
6 de enero de 2019
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