Nos llevan a la desolación más profunda

LAS TRES HERMANAS


Estoy convencida de que ser testigos de Las Tres Hermanas de Antón Chéjov es un acto de valor profundo: no cualquiera se asoma al mundo de Olga, Masha e Irina, intenta apropiárselo y muchos menos aún lo logra, el director Diego del Río lo hace en su más reciente montaje del clásico de las letras rusas.

Fotografía: Ricardo Castillo



En el último año Las Tres Hermanas ha sido una constante en nuestra cartelera y se he presentado en adaptaciones que han resultado oportunas. No deja de llamar mi atención pues el texto es un viaje introspectivo a lo humano, el dolor, la pérdida y la caída en picada de los anhelos; una historia que resuena en lo profundo en un momento en el que  buena parte de la vida se expresa a través  de las redes sociales, de la apariencia y la perfección ilustrada con imágenes creadas que nos muestran los anhelos cumplidos y la felicidad perpetua en el amor, lo económico y la satisfacción.



Es en este escenario que Diego del Río apuesta y gana, acompañado de un grupo actoral sólido, casi todo el elenco nos toma de la mano y nos lleva paso a paso a tocar el alma de sus personajes. La ficción arranca con un recordatorio en voz de uno de los actores de que lo que se verá es teatro, así que se solicita toda nuestra atención.

Fotografía: Ricardo Castillo



El encuentro inicia en un pueblo ruso, con la celebración del cumpleaños de la hermana menor Irina (Maya Zapata)  que ha decidido que el trabajo es la única opción para una vida plena y quien es protegida por su hermana mayor Olga (Emma Dib), a quien la vida se le va , justamente, trabajando. La reunión se realiza en la casa de las hermanas huérfanas, que sueñan con regresar a Moscú, la ciudad de las promesas, el lugar donde sus sueños se realizarán y donde la vida por fin será; un lugar que no existe más que en su memoria.


Fotografía: Ricardo Castillo



Y ya está. La escenografía de Auda Caraza y Atenea Chávez nos plantea una butaquería integrada por sillas que conforman un muestrario de diseños y estilos, tan diversos como la misma naturaleza humana. En ellas los personajes se sientan esperando su turno para interactuar, porque están siempre presentes en escena, observando a sus compañeros, relacionándose con ellos emotivamente y desde la acción, lo que inevitablemente nos conecta con ellos; les advierto no tienen piedad y nos llevan a la desolación más profunda.


Sillas, un piano, ropa de calle y algunas prendas es todo lo que se requiere para este viaje en el que escenas como el amor y la separación entre Masha (Arcelia Ramírez), y Fyodor (Enrique Arreola), o la reunión de los personajes después de un incendio son profundas y dolorosamente gozosas.



Las Hermanas son irremediablemente arrasadas por el exterior, el personaje que lo representa es Natalia, su cuñada quien gradualmente se va apropiado de la casa y su universo. Anahí Allué, es la encargada de interpretarla, la actriz exagera y salta del resto del equipo actoral. En la función a la que asistí su energía estaba enfocada en ser graciosa, restándole peso a su personaje.



Antón Araiza, Enrique Arreola, Emma Dib, Mauricio García Lozano, Concepción Márquez, Arcelia Ramírez, Evan Regueira y Maya Zapata realizan un trabajo entrañable, de esos que se gozan y que se esperan cuando se ven sus nombres reunidos en cartelera. Véanlos y permitan que Las Tres Hermanas se queden siempre en la memoria.


Realizado por Carmen Zavaleta 
6 de enero de 2019 



Fotografía: Ricardo Castillo

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