BUENAS PERSONAS
Cuando uno va al teatro y en la cara de los actores ve la vida de los personajes desde el primer momento que aparecen en escena, la experiencia se agradece. Si además, esos actores cumplen con creces las expectativas sobre su trabajo la cosa se pone buena. Eso me ocurrió con Buenas personas, montaje bajo la dirección de Diego del Río que esta tarde termina temporada en el Teatro Milán.
Buenas personas es original de David Lindsay - Abarie, dramaturgo bostoniano autor de Rabbit Hole, que en el cine fue protagonizada por Nicole Kidman ( Al otro lado del corazón, 2010) y en México se presentó en el teatro como La Madriguera bajo la dirección de Iona Weissberg en el 2012; a varios años de distancia, el público de la CDMX se reencuentra con el autor a través de un texto sólido, que fue bien entendido por el director y su equipo.
La anécdota: Magos (Arcelia Ramírez), es una madre soltera quien ha sido despedida del Waldo´s de Avenida Central. A cargo de su hija y a punto de ser lanzada de su departamento empieza una desesperada búsqueda de trabajo, hasta que la vida la reúne nuevamente con su ex compañero y novio de la prepa Miguel (Odiseo Bichir), exitoso médico quien ahora vive en Santa Fe. Los dos crecieron en Ecatepec , pero sólo uno logró cambiar su vida; es momento de revisar el pasado y sus consecuencias.
Aquí la clave es la estructura del texto, no conozco el original en inglés, pero la traducción y la adaptación que hicieron Milena Pezzi, Paula Zelaya Cervantes y el propio Del Río, logra construir un universo urbano donde los personajes son avasallados por sus circunstancias. Aquí la acción se desarrolla entre Ecatepec y Santa Fe, los extremos de nuestra ciudad, sólo mencionar las palabras define a la población, sus necesidades y preocupaciones, opuestas hasta el hartazgo y tan nuestras hasta la madre.
En el texto, los deseos de los personajes son claros, cada uno lucha por lo que necesita ya sea un trabajo, dinero, vender santacloses hechos de unicel, ganarse el bingo o mantener su estabilidad económica y un matrimonio con terapia de pareja. Además de esta claridad, el autor hábilmente plantea preguntas para que los espectadores decidamos sobre las verdades o las mentiras de los protagonistas; por ejemplo casi al final, la escena de Magos reclamándole a Miguel sobre su relación y las consecuencias de su partida para estudiar medicina. El pasado y el presente de los personajes están tan bien construidos, que uno no puede ser ajeno a la rabia y la frustración, hasta que se da una vuelta de tuerca y no se sabe si todo lo que se dijo fue verdad. Por cierto en este punto el trabajo de Arcelia es una delicia actoral, y no es de extrañarse.
El material dramatúrgico necesitaba actores con sangre, verdaderos; el elenco conformado por Ramírez, Odiseo Bichir, Montserrrat Marañón, Concepción Márquez, Cuauhtli Jiménez y Fabrina Melón, lo son. Como les digo, desde el primer momento que aparecen sobre la escena en sus miradas se puede adivinar todo lo que no está dicho en el texto, pero que está presente y que alimenta cada momento y acción.
La escenografía es de Javier Gerardo Ángeles, la iluminación de Matias Gorlero, el vestuario de Estela Fagoaga y el diseño de audio de Carlos Ruiz. Un gran trabajo.
7 de octubre de 2018



Comentarios
Publicar un comentario