FRÁGIL


(INTRASCENDENTE COREOGRAFÍA)


Talía Falconi (Ecuador), bailarina, coreógrafa y artista escénica, según se expresa en el programa de mano, presentó una propuesta la cual a la postre resultó intrascendente, sosa, sin sentido, sin ninguna estructura. En la sinopsis se lee: "Una mujer habita tiempos vacíos y espacios sin presente...FRÁGIL -título- abre la posibilidad de explorar perspectivas distintas a partir de la acción recurrente, poniendo en juego la disyuntiva entre resistencia y punto de fractura como eje para el desarrollo y aparición de estados físicos que conducen hacia teatralidades alternas".
Foto Lord Comepiña



Este larga transcripción, por si sola, invita, provoca, sin embargo, todo queda en una intención, nada, absolutamente nada, se proyecta en el escenario, todo queda a la imaginación, a medida que trascurre el tiempo, todo se desvanece, se ignora cuáles son las "teatralidades alternas", en favor de Falconi aceptar que las "nuevas" tendencias me rebasan, mi imaginación no da para tanto.

La coreografía, en términos generales, parece desarrollarse a cámara lenta, la estructura 
dancística es muy simple, algunas muestras de flexibilidad corporal (estudió en la Escuela Nacional de Circo Annie Fratellini); cero expresividad facial. Prácticamente sin escenografía -tres sillas-; unos listones rojos, supongo deben tener alguna simbología concreta, lo cierto es que cada quien puede dilucidar lo que quiera.

Foto Lord Comepiña


Música en vivo a cargo de Federico Valdez (múltiples instrumentos), momentos gratos por decirlo de alguna manera, otros simplemente ruidos. Falconi emplea el video, mismo que en nada contribuye para enriquecer la escenografía, puede prescindir del mismo. El vestuario de lo más simple y una iluminación elemental.
Tal vez el potencial público presintió o intuyó, sólo 16 espectadores en la primera de la tres funciones programadas en el Teatro de la Danza "Guillermina Bravo", como parte del ciclo EXPLORA TUS SENTIDOS.




Realizado por: Alejandro Laborie Elías
2 de agosto de 2018 



Comentarios

  1. Buenos días, soy Federico Valdez. Este mensaje es a título exclusivamente personal.

    Quisiera aclarar que no me interesa una polémica que, a la luz de su “texto”, considero completamente estéril. Simplemente voy a ejercer mi derecho a réplica a su publicación.

    En verdad está fácil: lo que queda muy claro al leer esto que usted se atreve a publicar como "crítica”, es su falta de conocimientos, criterios, herramientas y sensibilidad para emitir juicios sobre algo que evidentemente escapa a sus capacidades. Es claro que no tiene usted la menor idea acerca de las artes del movimiento, de las artes escénicas no narrativas ni basadas en texto, del teatro físico ni mucho menos de las poéticas contemporáneas. Ni hablar de la profundidad de su análisis y la solidez de sus argumentos, es obvio que ningún editor serio permitiría publicar algo así.

    Lo curioso, entonces, es su empeño en “escribir” (digamos) acerca de lo que desconoce con una animosidad desmedida: los sabios aconsejan prudencia ante lo que se ignora.

    Y si bien la ignorancia en sí no es ningún pecado, se re-significa al ser expuesta en medios públicos -de manera particular si se ampara uno en una auto-proclamada figura de “crítico”- contribuyendo a la confusión y al deterioro de nuestro panorama cultural.

    Sin embargo, lo que me parece más grave es el tono que utiliza usted -ya desde el título mismo- para, su, digámoslo nuevamente, “texto”. Francamente no sé ni me interesa quién se creerá usted que es para otorgarse el derecho de escribir de manera tan irrespetuosa, peyorativa y vulgar sobre una artista verdaderamente extraordinaria (no lo digo yo, hombre: investigue, pregunte, infórmese, indague, aprenda, siempre es buen tiempo), con más de 25 años de trayectoria y reconocimiento a nivel internacional (esto último aplica también para mí mismo). Es una clara falta de respeto publicar algo así, no solo para con nosotros, sino para con el periodismo cultural de este país, que ha tenido históricamente referentes extraordinarios y que su irresponsabilidad no hace más que deshonrar. Más bien lo que debería darle, a mi parecer, es vergüenza.

    A la luz de todas las opiniones y devoluciones acerca de la obra que hemos tenido hasta ahora -hechas por personas que saben más o menos de qué se trata esto- se impone una revelación contundente: lo único verdaderamente “intrascendente” es su opinión.

    Su desafortunado comentario final acerca del público muestra elocuentemente su comprensión de las graves problemáticas que suceden en el ámbito de la cultura en México y su compromiso con las mismas. Verdaderamente lamentable lo suyo desde todo punto de vista.

    Le recomiendo que se ponga a estudiar y a vivir la realidad de su entorno cultural de manera comprometida y responsable, y sobre todo que se dedique a reseñar cosas en las cuales quizás pueda hacer un papel mínimamente digno (siempre que no se requiera demasiada imaginación, como usted mismo indica).

    Atentamente

    Federico Valdez

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