Una alegoría del amor, la convivencia, la realidad y el peligro de la rutina en las relaciones de pareja.

EL HILADOR


Ahí estoy cómodamente en el Teatro Helénico dispuesta a conocer El Hilador; antes de que empiece la función en el programa se me advierte que estoy ante un “montaje bordado a mano”. Cuando me encuentro con una nota así, en muchas ocasiones, desconfío por dos razones: la primera  es que como creadora una se enamora de sus obras (que son nuestros hijos y siempre los presentamos como lo mejor del mundo); la segunda porque creo que una frase así puede predisponer a los espectadores, y la verdad es que a los espectadores hay que dejarlos descubrir;  en este caso quedé gratamente sorprendida, lo que vi fue un producto escénico  que bien vale una noche de teatro.

Escrito y dirigido por Paula Zelaya Cervantes, la obra vio la luz en inglés en el Festival Fringe de Vancouver en el 2016 recibiendo varios premios. Dos años después llega a nuestros escenarios en español resultando una poderosa carta de presentación de Zelaya, con un innegable toque femenino, y eso  me encanta.

Los personajes son “Elena” (Ana González Bello) y “Quirón" (Evan Regueira) quienes se conocen en la infancia e inician una relación que los acompañará toda la vida; ¡momento! el lugar de la acción es un sitio fantástico en el que conviven la vida y la “Muerte” (huesuda interpretada por Marcos Radosh). La anécdota: Cuando es niña “Elena” pierde a su padre y queda a merced se su “Madrastra” quien disfruta encerrándola en una jaula. Es ahí donde “Quirón”, el asistente de la Huesuda, la encuentra y la libera, el amor es inevitable; sólo hay un problema, por esas cosas raras de la vida salpicadas de muerte ellos solamente se podrán reunir cuando alguien muera.

Fotografía otorgada por la ACPT


La dramaturgia es fresca y precisa, en cada escena nos da información y plantea conflictos que los personajes deben resolver para seguir juntos. Con sus palabras la autora plantea una alegoría del amor, la convivencia, la realidad y el peligro de la rutina en las relaciones de pareja.

Zelaya escribe una obra que se encuentra entre las jóvenes audiencias y el público adulto; se trata de una autora joven que sabe combinar lenguajes;  aquí surge su mayor reto: El Hilador tiene excelentes resultados escénicos; sí, de ahora en adelante a la autora y directora no debemos pedirle menos en sus trabajos teatrales.

Estoy segura que este resultado es debido a la experiencia de su equipo creativo: Sergio Villegas en el diseño de la escenografía quien nos transporta a un espacio entre la realidad y la fantasía, donde conviven percheros, baúles, jaulas y escaleras. Matías Gorlero en la iluminación crea atmósferas, caminos, climas y luces capaces de dar brillo a la más profunda oscuridad; Sara Salomón en el Vestuario llena el espacio con texturas y crea personajes definidos, que se mueven con comodidad. La utilería de Elda Ruth Hernández y David Ahedo quienes cuidan los detalles y materiales creando desde filosos cuchillos hasta plumas blancas y negras que caen del cielo o pañuelos que representan almas. La música original de Iker Madrid y los efectos de sonido de Manuel G. Aguirre dan vida entre silencios y ritmos a las escenas; finalmente la coreografía de Pablo Rodríguez  y Jimena Saltiel, nos hacen bailar un excelente tango. Díganme si no, con semejantes créditos la producción de Once Once es la mejor aliada del texto. 

Por otra parte, los buenos  momentos del trabajo actoral son muchos. Conocemos la solvencia de Ana González en la escena, la actriz se caracteriza por un trabajo franco y fresco, una de sus cartas fuertes es la comedia, que aquí usa a su favor al darle vida a “Elena” o a su Malvada “Madrastra”, a quien caracteriza con un mechudo, va y viene de una a otra sin problemas y en cuestión de segundos. En general el tono que logra es adecuado y uno la sigue en cada acción y palabra que llena de energía, sobre todo en los momentos de humor negro como sus lamentos por la muerte de su madrastra o de sus vecinos ( a quienes por cierto los protagonistas dan cuello para estar juntos); su punto débil son los momentos de mayor profundidad emocional, donde se queda corta; por ejemplo  hacia el final cuando se enfrenta a la pérdida de su ser amado.


Fotografía otorgada por la ACPT



Evan Regueira como “Quirón” es vulnerable y construye un personaje consecuente. En la función me convenció de acompañarlo desde su mundo fantástico como asistente de la “Muerte” a su vida cotidiana en el mundo real en donde es capaz de pintar un cuadro de gatitos multicolor o cuidar a la peligrosísima araña venenosa que tiene como mascota. 

La gran sorpresa para mi fue Marcos Radosh como la “Muerte”, dentro de una botarga, está presente corporal y energéticamente; nunca le vemos la cara, ni escuchamos su voz, pero la precisión de sus acciones nos hacen caer seducidos. 

Fotografía otorgada por la ACPT



Me queda una duda, sería muy bueno poder conocer el texto original en inglés que logró el reconocimiento en Vancouver, en español funciona a la perfección y buena parte de su humor es por los referentes a nuestra ciudad  e identidad  (por ejemplo aquello de “se compran colchones, tambores, refrigeradores, estufas…” o “estás viendo y no ves” poemas de nuestro diario vivir, poemas), me pregunto ¿cómo es en inglés?, ¿cuáles fueron sus referentes?, ¿logra el mismo humor?,  por ahora les digo que El Hilador  en su versión en español es un todo un viaje, hágalo, vale la pena luchar contra la muerte por amor, siempre amor al ser amado y al teatro, y sí ya me puse cursi. 

Realizado por: Carmen Zavaleta 
8 de julio de 2018

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